En el entorno digital actual, la gestión de una óptica va mucho más allá de las paredes de nuestro establecimiento. Es habitual contratar servicios de empresas internacionales para mejorar nuestro negocio: desde plataformas de publicidad como Google o Meta (Facebook/Instagram), hasta software de gestión en la nube, herramientas de marketing por correo electrónico, servicios de alojamiento web (como Amazon Web Services) o incluso el uso de inteligencia artificial (como OpenAI) para crear contenido.
Esta digitalización ha traído consigo una nueva complejidad fiscal que está afectando directamente a la rentabilidad de muchas ópticas.
Hemos detectado una consulta cada vez más frecuente: «He recibido una factura de una empresa de EE. UU. (u otro país no comunitario) y me han cobrado el IVA español. ¿Es esto correcto?«
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